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Tristeza y culpa tras la maternidad

Hoy quiero tratar un tema del que se habla mucho pero del que se sabe poco, y es que se le da un nombre que no es el correcto. Todas hemos oído hablar de la «depresión posparto» y muchas veces cuando una mujer da a luz y vemos que está cansada, agotada, que no tiene ganas de nada más que de estar con su bebé pero que rehúsa visitas, salir, arreglarse… se nos viene a la cabeza; «tiene depresión posparto» y no… nada más lejos de la realidad, la depresión posparto es algo muy grave y que se da en una pequeña parte de las mujeres, es pues, poco habitual.


Pero entonces, ¿qué le pasa a esas mujeres que se ven tan abatidas tras el parto? Pues muy sencillo; que han parido, y que ahora no duermen por cuidar a su cría, no descansan por darle de comer a cada rato, no se arreglan por estar pendiente de cambiar a su bebé, a penas comen por no soltarlos de los brazos, por sentir que están ahí en cada momento para ese hijo que han estado muchas veces esperando toda una vida. Ahora, al fin lo tienen, el tiempo se lo están dedicando en cuerpo y alma y el día a día les está pasando factura cobrándoles en energía y fuerzas todo el trabajo que están llevando.

¿Es horrible entonces el posparto? No, es precioso, emotivo, alegre, emocionante, bonito, apasionante, lleno de magia, de aventura, de intriga, de aciertos y desaciertos… pero es agotador, creo que no hay palabra que mejor lo defina. Las noches pasan a ser en los primeros días el momento en que un bebé más reclama, y cuesta acostumbrarse a dormir de día, nos lo aconsejan siempre; «duerme cuando tu bebé duerma» pero no, nos empeñamos en aprovechar los momentos en que el bebé duerme para limpiar, para lavar, para ordenar, para tener la casa bien limpia para las visitas, porque ahora somos madres, y queremos ser super mujeres, poder con todo, con un hijo, una casa, con un día a día que es nuevo para nosotras pero que afrontamos con muchas ganas y ¿sabeís qué? que es nuestro gran error. Todos los cuerpos tienen un limite, las hormonas del posparto nos dejan las emociones a flor de piel, todavía no somos nostras mismas, estamos más sensibles, el no dormir nos trae los ánimos por los suelos, y el bebé, que no deja de hacer lo que tiene que hacer (reclamar brazos y alimento) no deja de ser un desconocido al que debemos habituarnos poco a poco y eso nos agota.

Y en toda esta vorágine de situación y de sentimientos entra en juego el que familiares y conocidos nos vean y suelten perlas del estilo: «pues no te veo yo muy bien, ¿no estarás con depresión?» «pues no sé yo si le llegará tu leche, no para de llorar» «¿seguro que te ha subido la leche? ¿a lo mejor deberías darle ahora un biberón, hasta que tengas suficiente?» «Pues tu hermano y tu no llorabais tanto, yo creo que no lo estás alimentando bien» «¿pero otra vez le vas a dar? ¿si es que las madres de ahora os pasáis el día con eso de la teta a demanda esclavizadas con el bebé» «trae anda, que yo tengo más maña que tú, que tengo 3 hijos»…

En fin, que se hace duro. Pero nos cuesta decirlo, compartir estos sentimientos y abrirnos a los demás ¿por qué? porque nosotras mismas nos convencemos de que no estamos llegando a donde queríamos llegar. Personalmente recuerdo cada día durante meses sentirme mal porque no era capaz de tener la casa en orden, tenía muchos problemas con la lactancia y además desde el principio mi niña había tenido cólicos, los tuvo hasta los 3 meses y 1 semana , y me sentía mal por no ducharme todos los días, por no combinar la ropa como antes, por mantener el mismo moño 2 días seguidos, por salir a la calle sin maquillar (quien me lo iba a decir a mí, que sin mi rimel no soy nadie…), por tener montones de ropa lavada si planchar…

Pero pronto cambié el chip, me costó, debo decirlo, me costó mucho, las mujeres tenemos algo innato que hace que siempre pensemos que fracasamos, que lo hacemos mal, que cualquier otra lo hace mejor, pero yo me mentalicé y acepté el pensamiento que debía tener; ¿atendía a mi  niña? SI!!! mi niña no lloraba sola, lloraba en mis brazos, yo la consolaba a cualquier hora y durante el tiempo que fuera necesario, no pasaba hambre, siempre tenía leche extraída (por problemas de mastitis se la daba en diferido), nunca estaba sucia, su ropa, ella… siempre todo perfecto! Así que empecé a decírmelo a mí misma: soy una gran madre! y finalmente un día me lo creí. Y desde entonces me lo tengo que decir más a menudo, algún día aún recaigo, pero sé que es lo que tengo que hacer, que es ser madre y lo tengo más que cubierto. ¿Soy una super mujer? No… la casa no siempre brilla, la ropa no siempre está limpia y en el armario, yo no me dedico el tiempo que me dedicaba a estar elegante, arreglada… pero no me propongo ya nada de eso. Sí hay mujeres que lo consiguen, las alabo y las envidio, pero eso no significa que deba sentirme yo mal. Ni yo ni nadie. Por eso hoy quería plasmar los sentimientos que se tienen tras un parto, no son raros, son normales, pero también es consecuencia de exigirnos demasiado. Mientras la crianza la tengamos dominada, todo lo demás serán tareas añadidas, a donde podamos llegar llegaremos, pero no nos exijamos llegar a todas y todos los días, no pasa nada, somos humanas, lleguemos a donde podamos priorizando siempre a nuestros hijos.

Un beso a todas las mamás, porque todas sois las mejores mamás del mundo!!!!

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